Todos los años la misma historia. Mismo logo, análogo lema e idéntico eslogan: “El Día de la Mujer”. No soy muy amigo de los “Días de…”, siempre he detestado las fechas que obligan a recordar o en su defecto a abonar una pequeña parte de tu jornal en invertir tontamente nadie sabe lo qué. Hoy es el día de las féminas, de nuestras compañeras de especie (así lo marca algún calendario), por si alguien todavía no se había dado cuenta. Pues muy bien, apoyémoslas a todas, es más, sintámonos mujeres por un día. Aprovecho para decir que aborrezco cualquier atisbo que haga resurgir los peores vendavales del machismo más rancio y que censuro cualquier tipo de comportamiento dirigido a la anulación sexista, sea cual sea y venga de donde venga, porque, aunque quizás no sea el día más propicio para declarar lo siguiente (y como en toda corriente activista), siempre existen tintes que tienen como objetivo mancillar y manipular interesadamente y fuera de lugar, acontecimientos como los de hoy. Celebremos todos la consonancia entre ambos sexos, denunciemos al unísono la falta de oportunidades, la desigualdad laboral y llevemos en volandas a la mujer a la dimensión sin fronteras ni límites de nada, al pleno derecho y al reconocimiento de algo que debe ser, por lógica, uniforme, la normalidad social de la mujer en pleno siglo XXI. Hasta aquí todos de acuerdo, pero sabido es por todos que muchas activistas feministas radicales (en general, como todo lo radical siempre tiende a pasarse de la ralla), más que la igualdad, lo que persiguen es el querer relegar al hombre al punto más bajo posible. Yo creo que ni una cosa ni la otra. Por la igualdad, por la mujer. No por el oportunismo y el derroche de ambigüedades terminológicos. Sepamos qué es el feminismo, el sexismo, el feminismo y sobre todo, qué queremos entre todos, ¿igualdad o ser uno/a más que el otro? Para mí, el día de la mujer son todos, y así debe ser. Que día como el de hoy sirva para celebrar, para unir, ovacionar y vitorear a todas nuestras madres, abuelas, tías, amigas, vecinas y féminas que a lo largo de estos últimos 100 años han luchado infatigablemente por tener una voz, una sombra y un hueco entre la igualdad de la sociedad contemporánea, pero por favor, que no sirva para desunir, desquilibrar y lucrarse malamente.
Sonrientes
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Desde la ventana de mi casa se ve el campo 4 del Annapurna. Y desde la
cocina, desde el baño, desde el cuarto de estar, desde donde escribo esto.
Lo veo ...
Hace 3 horas




2 comentarios:
Con permiso, entro en este blog de puntillas, para decirte que estoy de acuerdo con lo que expones.
Ya era hora que alguien abordase la cuestión de los "Días de...", muy bien expresada por cierto.
Saludos.
Se puede decir más alto pero no más claro. La solución para la "igualdad" de la que se habla no es ser radicales, ni mucho menos. Es tratar a cada uno y a cada una como personas, con las mismas facultades y derechos. Está claro que somos diferentes, eso salta a la vista, pero ese ser diferentes debe enriquecernos a ambos sexos, en lugar de separarnos. Si el mundo realmente fuera así, todo iría mucho mejor. No es necesario que haya hombres por encima de mujeres ni mujeres por encima de hombres, sino que ambos convivan como lo que son, personas.
Buena entrada.
1beso!
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