martes, 1 de junio de 2010

Buscando en la basura


Raya... ¿Cuántas llevo? Una más en la tapia, no me apetece ni contarlas, mirarlas es una cuenta atrás, es mirar hacia atrás.

Parece que el sol empieza a salir, creo que ya está aquí, su perfil atraviesa las entrañas de los barrotes de mi celda, y eso que el tiempo lleva unos días más raro que el copón. No puedo evitar despertarme a media madrugada con gotas de sudor por toda mi cara, empapando un sucedáneo de almohada que protegía nuestros sueños durante tanto tiempo… ¿o no fue hace tanto? Ya ni lo sé, creo que he perdido la cuenta, o que ya no sé contar, me da igual.

Verdaderamente no sé el motivo de mi clausura, ni cuánto dura la penitencia impuesta por ese juez impasible e incorruptible que es el tiempo, al que señalan como auténtico rodillo moral, no tengo ni idea, pero aquí sigo, día a día, hora a hora, viéndolas pasar una y otra vez, sin ganas de salir al patio a jugar con los demás compinches, ¿para qué? Mejor quedarse en el prólogo de un libro cada noche, hacer lo mismo con cientos de obras, sin querer mascar la emoción de aventuras insospechadas, amores improbables, muertes a bocajarro...

Es lo que tiene la pasión, el canon que hay que pagar en cada peaje, lo caro que puede resultarle a uno amar y ser fiel a sí mismo, inquebrantable, estático ante tanto impulso externo, como una tapia. Así es la rutina aquí dentro, ver rodar las ruedas, taparte con una manta y esperar a que todo siga su rumbo, o mejor, perderte en el infinito horizonte de las más estúpidas ideas, hacer flexiones y bajar la persiana cada noche, total, mañana será un día menos.


1 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Y qué consigues con encerrarte? si lo que necesitas es olvidar, vivir la vida, abrir la ventana de par en par para que entre la luz. Lo contrario, es enfermizo y produce desequilibrios importantes. No merece la pena, la vida sigue y como decía Montes, "la vida puede ser maravillosa" y, mira por donde, él murió depresivo perdido.