Hoy se cumplen exactamente 348 días de mi lesión. Casi un añito en el dique seco, sin disputar, sin jugar un partido. Sin saborear la competición. Ha sido un año muy largo, difícil y denso. Largo porque en diciembre del año pasado pensaba que ya nunca más iba a volver a oler el tufillo que te deja la pega entre las manos. Difícil porque en muchas ocasiones llegué a perder la paciencia y quise dejarlo todo. Dejar de ir al gimnasio 5 veces por semana, no madrugar para ir a rehabilitación, pasar del hielo y vivir una vida más o menos normal. Y denso porque aunque la gente suele pensar que en 6 meses uno ya vuelve a jugar (en realidad me operaron un lluvioso 2 de febrero), la cosa pinta peor de lo que parece. Muchas emociones, momentos de soledad, amargura en un gimnasio en interminables tardes julio a más de 40º, mientras el resto hacía su vida, carreras por eternas cuestas y un sinfín de torturas mentales y miedos con los que todavía hoy estoy luchando. El miedo de volver a pasar por el calvario, pavor por escuchar el chasquido del “crak” en tu rodilla, como si uno tensara una goma elástica y se diera con ella en los ojos al romperla, el caer y no poder levantarte, la mierda de la burocracia, papeleo y trámites absurdos a pasar delante de un mostrador de un hospital para que te digan que no tienes más que un esguince. El no poder sentirte vivo en una cancha… Hoy va a ser un partido más entre los cientos que habré jugado ya, y eso que el balonmano hace años que para mí ya es terciario, pero seguro que mis piernas van a temblar más que cuando tenía 10 años y correteaba en el viejo frontón de Villava. Me veo bien, qué coño, me veo muy bien. He cogido un tono óptimo, he recuperado potencia, elasticidad, explosividad (poca, sí), rapidez y fuerza. Me falta un rato todavía, pero ver cómo uno avanza y lo hace cada día mejor y más confiado no tiene precio. Mira tú por dónde, el rival es el mismo de la otra vez. Será como volver al mismo partido, en la segunda parte tras un descanso y continuar con lo que ya estaba haciendo. Me fui con un 4-8 en el minuto 16 de partido. Había marcado yo solo ya 4 goles. Estaba siendo sin duda una gran tarde. En fin… vuelvo, y esta vez para quedarme.
Sonrientes
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Desde la ventana de mi casa se ve el campo 4 del Annapurna. Y desde la
cocina, desde el baño, desde el cuarto de estar, desde donde escribo esto.
Lo veo ...
Hace 3 horas




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