martes, 11 de enero de 2011

Injusticia y regularidad


No hay duda, Messi es el mejor jugador del mundo. El astro argentino consiguió ayer su segundo Balón de Oro consecutivo y dejó sin respiración a medio país tras imponerse en la votación final a sus compañeros de vestuario Xavi e Iniesta. Cierto es que muy pocos contaban con que “La Pulga” fuera el ganador final del trofeo, ya que después de la ya conocida filtración de cierto medio italiano deportivo en diciembre (donde anunciaban el triunfo de Iniesta) y las múltiples expectativas creadas a lo largo de los últimos 6 meses por los medios de comunicación nacionales, además de varias plataformas cercanas al núcleo del fútbol español, sobre los nuestros, la sensación inmediata y a bote pronto que refleja la primera edición del Balón de Oro de la FIFA es la de la injusticia. Por todos es más que conocido que Messi es el mejor jugador del planeta y uno de los señalados en hacer historia en el futuro del balompié, pero a veces es necesario premiar algo más que una regularidad pasmosa y unos números de escándalo a los que nos tiene acostumbrado el 10 del Barça. Messi no cuajó un gran Mundial, ni siquiera pudo penetrar en una sola ocasión las mallas contrarias en los cinco encuentros que disputó en Sudáfrica, y su selección, el combinado argentino dirigido por el otrora barrilete cósmico, Maradona, se marchó para casa dando una penosa imagen en el choque de cuartos de final ante Alemania (4-0). El Messi azulgrana nada o poco tiene que ver con el Leo que vimos bajo la tutela del gran Diego. Leo Messi agradece por el fin de los días jugar junto a Xavi, Iniesta, Busquets o Pedro –entre otros cracks de la misma talla- además de estar dotado de unas características tanto físicas como técnicas prodigiosas. La cuestión es la votación y evaluación final del galardón con el que premia la FIFA el título de ‘Mejor jugador del mundo’ de turno, ¿o tal vez deberíamos decir al más regular? ¿O quizás más popular? Sin duda que en éste último veríamos entre los finalistas al portugués Cristiano Ronaldo, pero la gala no corrió con esa fortuna. La elección la conforma la votación que realizan los capitanes de todas las selecciones nacionales consultadas por parte de la FIFA. Éstos votan a sus tres favoritos y después se hace una suma de puntos, algo de cajón, para otorgar el galardón al ganador. Ni la prensa, ni los clubes y ni tan siquiera las plataformas mediáticas tienen el más mínimo peso para hacer decantar la decisión final en sus favoritos. Es por ello por lo que parece poco comprensible y suena a pataleta de niño de parvulario la reacción de la prensa deportiva nacional, tachando a Messi de “ladrón de sueños” o incluso quererlo enfrentar contra su compañeros de vestuarios y finalistas del trofeo con encuestas absurdas y entrevistas a tíos, abuelas y primos de los finalistas donde claramente reflejan el apego emocional y familiar que sienten –como es lógico- ante sus próximos, aunque esto último suena a la mecánica a la que nos tiene acostumbrado cierto medio para desestabilizar el núcleo interno del club en el que juegan los tres grandes del fútbol mundial. Por eso mismo Joseph Blatter no es culpable de no haber concedido el FIFA Balón de Oro 2010 a un español –puede que sí lo sea por no autorizar el Mundial 2018 a España- y ni tampoco el organismo que preside. Y si somos honestos con los números y estadísticas, tampoco Andrés Iniesta merecía el premio, solo cabe recordar la infausta temporada 2009/2010 begin_of_the_skype_highlighting              2009/2010      end_of_the_skype_highlighting del manchego, marcada por infinitas lesiones musculares que le impidieron mantener la regularidad mágica a la que nos tiene acostumbrados en cada partido, aunque su gol en la final maquillase el borrón y cuenta nueva de su “annus horribilis” culé. Xavi era quien tenía todas las papeletas para alzarse con la corona futbolístca, el favorito en todas las casas de apuestas hasta el momento en el cual su técnico Pep Guardiola abriera el sobre y desvelara el nombre del ganador. La constancia, el equilibrio, la calidad, la visión de juego y la fluidez que concede Xavi Hernández tanto al Barça como a España es exquisita y digna de estudio y enseñanza en las aulas y por supuesto de escritura en los libros de ciencia-ficción, pero en ocasiones, la historia suele dar este tipo de reveses, como el sufrido ayer por toda la parroquia española, y deja a cada uno en su sitio: a Messi como mejor jugador del mundo.