A menudo nos encontramos con artistas, tertulianos o deportistas de élite tratar acerca de temas de gran índole en los platós de televisión, en las típicas entrevistas que parecen estar de moda en los días que corren. La sabia capacidad cognoscitiva con la que intentan castigarnos es digna de cualquier concierto híbrido entre King África y Paris Hilton en perfecto estado de embriaguez. Las televisiones, quienes dominan a la perfección el arte de la manipulación a la carta, no son tontas y saben lo que se hacen; nos presentan al artista/freak de turno como al gran argumento de autoridad ante la infatigable audiencia -sedienta ella en percibir verdades categóricas y universales-, para resolvernos entre rebuznos y chirriantes aullidos, los mayores problemas de la humanidad. Todos aquellos habituales que tengan el gusto en visionar la parrilla televisiva del momento, creen a ciencia cierta toda la soflama adoctrinadora que les vierten. Ven a Belén Esteban o a ‘Pipi’ Estrada, entre otros, argumentar desde lo banal con discursos grandilocuentes y se van a la cama tan panchos, incluso muchos de los telespectadores gastan su saldo en mensajes -que cuestan un riñón- para jalear a sus ídolos televisivos a la espera de otra trifulca. Sin embargo, lo que ya no está de moda en nuestro país al parecer, es la competencia intelectual dentro de la pequeña pantalla. Hemos sido testigos de un hito histórico dentro de la joven autocracia televisiva de nuestro país, como es la muerte de CNN+ y el nacimiento del canal ‘GH24h’. Todo sea por la audiencia. El rigor, el criterio, la cultura y el pragmatismo frente a la ignorancia, lo burdo y la insensatez. La demanda del público prima y lo que reina dentro de la sociedad española del s. XXI, la que se rige bajo el eslogan Todo por la audiencia, es la absoluta supresión de cualquier valor moral y ético con el único fin de conseguir la mayor cuota de pantalla posible. La desvalorización del individuo y el concepto de honradez y esfuerzo, para convertir la sociedad en un circo donde todo vale para alcanzar una falsa notoriedad. No nos extrañemos cuando en un futuro veamos cómo cierran canales especializados en áreas científicas u otros de carácter didáctico, por programas “gallineros” que se parecerán aun más si cabe a diálogos y discusiones propias de peluquerías o barras de bar. Es algo inevitable, la ley de la naturaleza mediática. Informar bajo el filtro de la veracidad y la autenticidad de lo curioso es, ni más ni menos, el reto del futuro comunicador, ya que en España debemos madurar esa conciencia mediática para centrarnos más en la creatividad del individuo y no en la estupidez abstracta de ciertos sectores de la industria televisiva. Seguimos viviendo bajo la tutela de la desazón colectiva y del pisoteo constante al prójimo, es el estigma que debemos arrinconar.
Sonrientes
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Desde la ventana de mi casa se ve el campo 4 del Annapurna. Y desde la
cocina, desde el baño, desde el cuarto de estar, desde donde escribo esto.
Lo veo ...
Hace 3 horas




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