miércoles, 2 de marzo de 2011

Que viva España



España es el segundo país del mundo en donde más cocaína se consume y el primero de Europa. Lo dice la JIFE en su informe anual. No me pregunten qué es o quiénes son, porque no soy un lector aplicado de este tipo de escritos, pero siempre me han recordado a una cuadrilla de amigotes que se reúnen cada equis tiempo para hacer cuentas y echar numericos sobre temas de gran calao para la sociedad, para de paso, alarmar de vez en cuando al personal. Fíjense, toda la vida siendo eliminados en cuartos y ahora va y somos campeones en casi todo. En esto sí que ganamos a los ingleses, a quienes siempre desde nuestra atalaya ibérica los hemos tildado de sangriómanos y consumidores de aceite de oliva bronceador en las playas de la costa dorada, o los italianos, los que en cada evento futbolístico de alto copete, siempre nos mandaban para casa con una palmadita en la espalda y a quienes no se les borra la estampa de gángsters a rayas ni frotando con Ariel. También hemos sobrepasado al corazón económico europeo, a los alemanes. Sí señor, ¿quién no ha mirado nunca mal a un alemán en un self-service de un hotel? Recuerden cuando apiñaban en un plato con todo lo que podían y más. Los germanos siempre han tenido la fama de llevar la voz cantante en toda materia, por no hablar de nuestros vecinos los franceses… Esta vez van a tener que acostumbrarse a la nueva era, en la que los españoles somos líderes en todo, incluso en temas de los que no hace tanto solíamos mofarnos públicamente, como por ejemplo, el índice de paro con 4’3 millones de desempleados, el fracaso escolar –del 32% ante el 14% de media europea- o la obesidad infantil, donde en España, uno de cada tres niños de entre tres y doce años sufre este problema. Preocupa en exceso la parrilla de salida de las jóvenes generaciones de nuestro país, encomendadas todas ellas en dar un golpe de timón en el ciclón por el que atraviesa España en la actualidad. Mientras tanto, somos testigos en ver cómo un Gobierno a la deriva malgasta tiempo y dinero en disminuir la velocidad dentro de las carreteras, no sin antes asumir el coste de los casi 300.000 € que significa cambiar los rótulos de todo un país, para adoptar una medida “anti-crisis”, como aseguraba Rubalcaba. La crisis, además de sacudir nuestros bolsillos en épocas de vacas flacas, parece que ciega a quienes sostienen entre sus manos el mando del país y les hacen perder la cordura entre el lodazal de problemas en los que estamos sumergidos hasta el cuello. Entretanto, habrá que hacer como los políticos; mirar hacia otro lado y hacer como que la cosa no va con nosotros, que viva España.