domingo 15 de mayo de 2011

My only friend, the end


Estoy harto de dudas, de vivir en la luz de la incertidumbre, de no concordar la respiración con el latido. Estado corrompido, lleno de ataduras, de esclavos ridículos que solo buscan un viejo trozo de pastel, un pellizco en un paladar que recuerde a gloria. Mezquinos marineros, no sois más que eso, unos pobres de espíritu, llenos de recargadas remembranzas. Os desborda ese carácter elitista, mutado a base de silencios cómplices, de miradas delatoras, de bocas atiborradas de irritación, de un perfil tan áspero que prende cualquier mecha. No os dieron una buena hostia a tiempo, no os mandaron nunca a casa, no os cerraron la boca, ahora… ahora ya es tarde. No más entrenamientos, no más resina, no más quejas, este otro reino parece de lejos el mejor, que me cuelguen si no lo he intentado. No iré, prefiero una fiesta de amigos a una familia política. ¿Sabes cómo de pálida y lasciva aterradora
 viene la muerte en la desconocida hora?
Sin previo aviso, imprevista 
como una aterrador y amigable invitado que has 
traído a tu cama.
La muerte hace ángeles de todos nosotros 
y nos pone alas 
donde teníamos hombros 
suaves como garras
 de cuervo.