Estoy harto de dudas, de vivir en la luz de la incertidumbre, de no concordar la respiración con el latido. Estado corrompido, lleno de ataduras, de esclavos ridículos que solo buscan un viejo trozo de pastel, un pellizco en un paladar que recuerde a gloria. Mezquinos marineros, no sois más que eso, unos pobres de espíritu, llenos de recargadas remembranzas. Os desborda ese carácter elitista, mutado a base de silencios cómplices, de miradas delatoras, de bocas atiborradas de irritación, de un perfil tan áspero que prende cualquier mecha. No os dieron una buena hostia a tiempo, no os mandaron nunca a casa, no os cerraron la boca, ahora… ahora ya es tarde. No más entrenamientos, no más resina, no más quejas, este otro reino parece de lejos el mejor, que me cuelguen si no lo he intentado. No iré, prefiero una fiesta de amigos a una familia política. ¿Sabes cómo de pálida y lasciva aterradora
viene la muerte en la desconocida hora?
Sin previo aviso, imprevista
como una aterrador y amigable invitado que has
traído a tu cama.
La muerte hace ángeles de todos nosotros
y nos pone alas
donde teníamos hombros
suaves como garras
de cuervo.
Serrat en el tren
-
No es bueno hablar de oídas. Cuando se está con el protagonista... es otra
historia. Por ejemplo, no es lo mismo contar este viaje de Joan Manuel
Serrat qu...
Hace 13 horas




0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada