martes, 6 de diciembre de 2011

Día de la Constitución



La verdad es que me da bastante igual el día de hoy, lo que se celebra y aquello que rodea y decora una excusa para no ir a trabajar. ‘El día de la Constitución (española)’. Brutal. Para mí, ya sin la careta de demócrata de toda la vida, tan solo es un día en el que todo está cerrado y en el que aprovecho para no hacer nada.

Pero inevitablemente me he acordado de varios episodios que surgieron a raíz del motivo por el cual hoy celebramos no tener que ir a trabajar. Durante los años 2004 y 2005, donde cursé 1º y 2º de bachiller en un instituto de Burlada, fui testigo de algo que hasta el día de hoy tenía totalmente enterrado en la memoria, ni siquiera me acordaba. Una conversación con el colega Postigo ayer me hizo revivir algunos de esos instantes, momentos en los cuales desde la dirección del centro se nos aconsejaba-sugería-imponía el “venir a clase el día 6”, ya que aquella era la Constitución de los españoles y no de los euskaldunes, así que, visto el resultado de la ecuación, nosotros los alumnos, teníamos la posibilidad de acudir a las aulas tal día.

Es curioso. Había gente que apenas iba a clase, que se pasaba horas muertas en el parque de al lado poniéndose las botas, sin hacer nada, durante todo un curso, pero el día 6 iba a clase. Así demostraba su adherencia a la causa y el resto quedaba justificado. Jamás lo entendí, como tampoco entendí la excesiva propaganda subliminal (y no tan subliminal) con la cual decoraban los pasillos, aulas y sectores de aquel recinto público. Panfletos que rezaban la extrema situación que vivían los presos vascos, las injusticias civiles respecto a los “jóvenes patriotas que daban su vida por nosotros” o la incendiaria situación que vivía nuestro país (¿?).

Aquí aprendes a mirar hacia otro lado, a pensar que todos estos elementos que conforman nuestro día a día son “lo normal”. Que en un centro público, previo paso universitario, se convoquen manifestaciones y huelgas en favor de causas políticas da bastante miedo. El adoctrinamiento total y absoluto por parte de un sector no tan minoritario del profesorado hacia los alumnos de entre 12 y 17 años es acojonante.

Ya podéis empezar a afilar los cuchillos y las espadas.

Living in a material world



Ayer terminé la segunda parte del documental que dirige Martin Scorsese sobre George Harrison, ‘Living in a material world’. Lo cierto es que descubre facetas del beatle que hasta la fecha eran poco conocidas, tal vez debido a la sombra siempre eterna y alargada del grupo al que perteneció, pero ahonda en el misticismo exagerado de una persona que se pasó toda una vida buscando la respuesta a una cuestión insatisfecha, inacabada y sin contestación: la existencia. George recorrió más de medio mundo con el único fin de reencontrarse y ubicarse en un planeta que no consideraba suyo, un mundo material del que huyó –con la boca pequeña y con una fortuna incalculable- hasta el día de su muerte a finales de 2001.

No obstante, creo que Scorsese aborda muy por encima algunas de las áreas de la vida del guitarrista, y que ni toca otras tantas, como la gran adicción que supuestamente tenía el menor del cuarteto de Liverpool sobre la cocaína, amén de otro tipo de sustancias excesivamente dependientes. Se echan en falta diálogos y conversaciones con celebridades que fueron vitales en la vida y obra de George. La muerte de John la tocan muy por encima, la relación con Macca tras la ruptura del grupo ni se menciona, de la posible reunión del grupo 0, la negación absoluta de George o sobre la boda de Clapton y Patty Boyd, su mujer.

En cualquier caso, el documental deja un regusto edulcorado en el paladar, en ocasiones excesivamente azucarado, sin querer mancillar el legado una imagen construida para ser adorada en la posteridad. George era un buen guitarrista, un compositor notable y quién sabe si funcionó bien o mal en el mundo de las finanzas, pero compararlo con la grandeza del tándem Lennon/McCartney es exagerado y mezquino. A excepción de su primer álbum en solitario, ‘All things must pass’, tremendamente tremendo,  y alguna contada excepción en sus posteriores discos, creo que se exagera la obra del beatle (al igual que se exagera la carrera en solitario de John Lennon) al elevarla al altar de una música de la que renegó intermitentemente.

jueves, 1 de diciembre de 2011

No caer en el olvido, por el recuerdo


En recuerdo de todos los que hoy no están, de quienes sufrieron en sus propias carnes la mortalidad, quienes bajo el desconocimiento pusieron su cuerpo en carne viva y dejaron de existir. Para que se evite, para que se remedie, por el avance. Por una lucha digna contra el Sida. Traslademos nuestras oraciones a las almas de aquellos que hoy no pueden estar entre nosotros.