La noche de ayer nos dejó el enésimo ‘clásico’ del fútbol
español en lo que va de temporada 2011/2012. Otro Madrid-Barça que no pasará a
la historia por su espectáculo futbolístico, sino por todo lo ajeno que rodea
al área más estrictamente deportiva. El ‘Pep Team 4.0’ volvió a alquilar la
pista del Bernabeu para bailotear a sus anchas –con menor ritmo que antaño- y
de paso ensanchar la herida abierta en Chamartín desde el proverbial 2-6. El
resumen del partido deja al Barcelona con una importante ventaja –aunque no
definitiva- en los 1/4 de Copa.
Cuesta creer cómo puede llegar a inmolarse un equipo como el
blanco en cada actuación ante los culés. El redundante y rácano planteamiento
que ofertó ayer Mourinho sobre el césped –después de ver la trayectoria de los
madridistas en competición doméstica- deja ciertas cuestiones en el aire acerca
de los complejos que atesora el luso ante su bestia negra. Apostar por la
inclusión del desfasado Carvalho –a quien el fútbol no le está brindando un
retiro digno de la categoría del portugués-, ausente desde septiembre, o la de
fijar al bueno de Altintop en el once titular en detrimento de Ozil hace pensar
que ‘The Special One’ le tiene más miedo al Barça que a su propia sombra. Dejar
a un lateral de la calidad de Marcelo en el banco para dar entrada a Coentrao
fue otra de los lunares que ayer pudo cuestionarse el respetable presente en el
Bernabeu, impotente ante las internadas constantes de los visitantes, quienes
provocaron sin cesar varias fugas en la zaga madridista. Quizás la fijación de
Pepe como tapón defensivo –baluarte defensivo en la victoria copera en
Mestalla- fue la más esperada, aunque sin el mismo éxito de abril. Lo que hizo
y dejó de hacer Pepe en el encuentro es digno de otro anexo.
No obstante, el madridismo debería replantearse su presente
y futuro. Qué quieren y cómo lo quieren. Ninguno dudamos da efectividad
ofensiva de un equipo que palpita en Liga y Champions a ritmo de récord,
liderando sus respectivas clasificaciones con una gran ventaja sobre sus más
inmediatos perseguidores. Sin embargo, parece ser que para Florentino Pérez y
Mourinho el fin si justifica los medios. “Da igual cómo lo hagas pero hazlo y
punto”. Esta parece ser la consigna con la que se trabaja día y noche en la
Casa Blanca desde la llegada del técnico portugués. No solo ha incitado,
provocado, insultado, quejado y manipulado, Mourinho ha hecho un guiño a lo
antideportivo, a la violencia y al maltrato de la pelota, con un equipo de
escándalo, cimentado y engrasado a base de insultantes talonarios en unos
tiempos donde, como todos sabemos, no está la cosa para tirar cohetes. El
madridismo siempre se ha caracterizado por su buen ganar y perder, por un
señorío perdido desde los últimos coletazos de la Quinta del Buitre, por
jugadores con el carisma de Butragueño, Hierro, Míchel, Raúl o el recién
transformado Casillas, valedores de la inexistente hoy en día deportividad del
actual modelo blanco.
Creo que Mou ha tocado fondo, y no precisamente para coger
impulso. Nunca antes en la centenaria y dorada historia del Real Madrid se
había soportado tanto la impertinencia de un técnico que tan solo sabe
justificarse a base de pataletas cuando “él no gana”, además de sucumbir en los
duelos más directos en Liga y Champions ante los azulgrana. Tal vez habría que
imprimir a fuego en la psique del luso que, muy por encima de cualquier
individualismo, ego o talento, está la institución, la trayectoria e historia
de un club mancillado, ninguneado y carente de etiqueta.




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