jueves 19 de enero de 2012

Sobre el clásico



La noche de ayer nos dejó el enésimo ‘clásico’ del fútbol español en lo que va de temporada 2011/2012. Otro Madrid-Barça que no pasará a la historia por su espectáculo futbolístico, sino por todo lo ajeno que rodea al área más estrictamente deportiva. El ‘Pep Team 4.0’ volvió a alquilar la pista del Bernabeu para bailotear a sus anchas –con menor ritmo que antaño- y de paso ensanchar la herida abierta en Chamartín desde el proverbial 2-6. El resumen del partido deja al Barcelona con una importante ventaja –aunque no definitiva- en los 1/4 de Copa.

Cuesta creer cómo puede llegar a inmolarse un equipo como el blanco en cada actuación ante los culés. El redundante y rácano planteamiento que ofertó ayer Mourinho sobre el césped –después de ver la trayectoria de los madridistas en competición doméstica- deja ciertas cuestiones en el aire acerca de los complejos que atesora el luso ante su bestia negra. Apostar por la inclusión del desfasado Carvalho –a quien el fútbol no le está brindando un retiro digno de la categoría del portugués-, ausente desde septiembre, o la de fijar al bueno de Altintop en el once titular en detrimento de Ozil hace pensar que ‘The Special One’ le tiene más miedo al Barça que a su propia sombra. Dejar a un lateral de la calidad de Marcelo en el banco para dar entrada a Coentrao fue otra de los lunares que ayer pudo cuestionarse el respetable presente en el Bernabeu, impotente ante las internadas constantes de los visitantes, quienes provocaron sin cesar varias fugas en la zaga madridista. Quizás la fijación de Pepe como tapón defensivo –baluarte defensivo en la victoria copera en Mestalla- fue la más esperada, aunque sin el mismo éxito de abril. Lo que hizo y dejó de hacer Pepe en el encuentro es digno de otro anexo.

No obstante, el madridismo debería replantearse su presente y futuro. Qué quieren y cómo lo quieren. Ninguno dudamos da efectividad ofensiva de un equipo que palpita en Liga y Champions a ritmo de récord, liderando sus respectivas clasificaciones con una gran ventaja sobre sus más inmediatos perseguidores. Sin embargo, parece ser que para Florentino Pérez y Mourinho el fin si justifica los medios. “Da igual cómo lo hagas pero hazlo y punto”. Esta parece ser la consigna con la que se trabaja día y noche en la Casa Blanca desde la llegada del técnico portugués. No solo ha incitado, provocado, insultado, quejado y manipulado, Mourinho ha hecho un guiño a lo antideportivo, a la violencia y al maltrato de la pelota, con un equipo de escándalo, cimentado y engrasado a base de insultantes talonarios en unos tiempos donde, como todos sabemos, no está la cosa para tirar cohetes. El madridismo siempre se ha caracterizado por su buen ganar y perder, por un señorío perdido desde los últimos coletazos de la Quinta del Buitre, por jugadores con el carisma de Butragueño, Hierro, Míchel, Raúl o el recién transformado Casillas, valedores de la inexistente hoy en día deportividad del actual modelo blanco.

Creo que Mou ha tocado fondo, y no precisamente para coger impulso. Nunca antes en la centenaria y dorada historia del Real Madrid se había soportado tanto la impertinencia de un técnico que tan solo sabe justificarse a base de pataletas cuando “él no gana”, además de sucumbir en los duelos más directos en Liga y Champions ante los azulgrana. Tal vez habría que imprimir a fuego en la psique del luso que, muy por encima de cualquier individualismo, ego o talento, está la institución, la trayectoria e historia de un club mancillado, ninguneado y carente de etiqueta.