No fue una buena idea. Nunca tuvo pinta de ello. Nos dejamos
llevar por los cantos de sirena, por el color de lo que llena las carteras y el
fondo de los bolsillos. Quisimos comprar una moto que nos trilaron malamente.
Nos fue bien en la primera vuelta, en la segunda, la buena a priori, ya no
tanto. Nos cansamos de esperar, de ansiar la tierra prometida, de alcanzar la
cima. Nos costó muy caro. A mí más. Reculé sin aquella ilusión de adolescente, tallé
un año en blanco, me rasgué en mil pedazos, me desquebrajé. A (casi) nadie le incumbí,
tan solo pagué el recibo de un puto peaje más que trajo consigo varias facturas
de más. Cogí la puerta poco antes del cisma, del big-bang ribereño, de la traca
final. Apenas unos momentos después, comenzó el show: ladras, fanfarroneas,
bilis con olor a anís y mucho, mucho frío. Esta vez fueron las ratas las
últimas en abandonar el barco. No se puede destilar tanto recuerdo ultrajado.
Tudela, allí donde todo se fue, el lugar del punto de no retorno, donde yace
sepultada por el paso del tiempo nuestra mitigada estrella. Hoy vuelvo a
recogerla, merece ya su lugar en la rinconera, con la sutura correspondiente en
cada porrazo y arañazo.
"... and now my life has changed in oh so many ways"


